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La mayoría de personas que dicen que no se sienten identificados con un partido político no van a votar, se abstienen. Otras, en cambio, van a votar y lo hacen en blanco. Y los más «gamberros» hacen voto nulo.

A la vez que ocurre esto, se advierte del perjuicio que causa el voto en blanco a los partidos pequeños. Por eso, finalmente, se abstienen.

En las últimas elecciones participaron más de 22 millones de personas y se abstuvieron más de 12 millones. Aquí ya empiezan los líos, porque dentro de esos primeros 22 millones de votos no todos fueron válidos. Y de los válidos, no todos fueron dirigidos a apoyar una candidatura. Para ser más concretos, hubo casi 215.000 votos en blanco, y más de 213.000 votos nulos. Ir, fueron a votar, por lo que se considera que «han participado».

Ahora bien. ¿Qué efecto tiene esta forma de participación dentro de nuestro sistema electoral?

Voto nulo

El voto nulo es todo aquel voto que se efectúa sin respetar las normas electorales, bien porque se desconoce cómo se ha de participar en la votación o bien porque se vote erróneamente de forma consciente. Por tanto, dentro de este dato cuesta diferenciar a qué corresponde cada voto. Aunque en muchas ocasiones los especialistas afirman que es difícil que un elector efectúe un voto nulo por desconocimiento, sí que es verdad que, por ejemplo, en las votaciones al Senado, que hay que marcar tres nombres, sí que es más fácil que se produzca.

Modificar la papeleta o el sobre, escribir sobre ella, tachar nombres, o marcar más senadores de los que corresponden son las principales causas para que un voto sea declarado nulo. También es voto nulo si el sobre contiene dos o más papeletas de diferentes formaciones políticas. Si se introducen dos papeletas de una misma candidatura, el voto es válido. Además, en algunas ocasiones, el punteo de los nombres sí que es considerado válido a pesar de ser una modificación de la papeleta. Este hecho se da en pequeños municipios en donde se señalan las personas que se conocen.

Este voto se considera, como es lógico, voto emitido no válido. No entra en el reparto de escaños, así que la única cifra que modifica es la de la participación, que aumenta.

Voto en blanco

Antes de nada, una pregunta que no viene nada mal: ¿Cómo se vota en blanco? ¿Se mete una papeleta en blanco? ¿Se meten varias papeletas para hacer ver que no tienes una opción favorita? ¿O se va a la mesa y le dices al presidente que tu voto es en blanco?

Muchas personas verán obvia esta pregunta, pero posiblemente se asombren cuando les comente que sólo el 45% de los electores españoles saben cómo votar en blanco. (Si no se lo creen, aquí tienen la noticia).

La respuesta es sencilla. La primera opción queda descartada porque no hay papeletas en blanco en las mesas electorales. La segunda haría que el voto fuera nulo. Y la tercera, obviamente no porque el voto es secreto. (Sí, aunque sea en blanco). Por tanto, para votar en blanco, basta con introducir en la urna el sobre de votación (oficial, eso sí) vacío. En las elecciones al Senado, para votar en blanco es diferente. Como hay que marcar los nombres en la papeleta, el voto en blanco será aquel que no tenga ningún nombre señalado en la papeleta.

Este tipo de participación es voto emitido y válido. Y, como tal, produce una consecuencia interesante.

En España, para acceder al reparto de escaños, todas las candidaturas han de sobrepasar la barrera electoral. En las elecciones a Cortes Generales, por ejemplo, es un 3%. Es decir, si quieres conseguir el primer escaño tienes que tener más de un 3% de los votos válidos que haya en las urnas. Como el voto en blanco es válido, las candidaturas tendrán que conseguir más votos para superar la barrera electoral. Al no variar el número de escaños en función de los votos, las grandes candidaturas serán las principales beneficiadas porque habrá más escaños para repartir entre menos candidaturas.

Abstención

Es la forma más estudiada por la ciencia política. ¿Por qué la gente no va a votar?

En líneas generales, las explicaciones van por esta línea: el voto en blanco significa que no se está de acuerdo con ninguna candidatura; el voto nulo, que no se sabe votar; y la abstención que no se está de acuerdo con el sistema y que, por tanto, no se participa. ¿Es esto verdad? Puede. O puede que no lo sea.

La abstención puede ser entendida como una forma más de participación política. Existen estudios muy interesantes que indican que, en algunos casos, la gente que no va a votar apoya implícitamente al candidato que ocupa el cargo en el momento de la abstención, que está de acuerdo con él, y que, por tanto, no lo tiene porqué votar.

En otros casos, es entendido de forma similar al voto en blanco. No se va a votar porque no se está de acuerdo con ninguna candidatura. En este caso, habría que tener en cuenta el dato que he revelado antes, que sólo un 45% sabe cómo votar en blanco.

Sea como fuere, este voto no cuenta para nada. No modifica ninguna cifra más allá que la de la participación, aunque si se consiguieran saber los motivos exactos por los que la gente se abstiene… Otro gallo cantaría.

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