fbpx

Leticia Comeron se establece como única alternativa de Vitoria

Poco más de dos años ha tardado el PNV en retratar la escena del «uno contra todos» de los mosqueteros. Gorka Urtaran, que encabeza el consistorio gracias al apoyo de EH Bildu, Sumando, Irabazi y PNV, ha ligado los presupuestos municipales a su figura a través de una cuestión de confianza, algo inteligente para salvar un escollo, pero no acertado.

Unir los presupuestos a la confianza con sacar adelante las cuentas municipales es un ejercicio de cinismo político y que exige tomar la solución «menos mala», es decir, dar falsamente el apoyo a un determinado político para no generar una crisis institucional, lo cual solo alimenta el ego del único interesado. De esta estrategia surgen dos bloques: los del sí, la coalición multipartidista que dio el gobierno a Urtaran, y los del no, los que no están dispuestos a todo tipo de ingenierías políticas.

No hagan caso, las coaliciones municipales no funcionan

Hacer una coalición en el gobierno nacional es pasable, e incluso puede que salga más o menos regular, pero hacerla a nivel municipal es un suicidio político. Básicamente, la ciencia que estudia el comportamiento político y electoral lo denomina «capacidad de chantaje» y en esos términos se miden las coaliciones.

Cáceres se convirtió en el ensayo de una gran coalición de izquierdas antes del surgimiento de Podemos. El PSOE se alió con Foro Ciudadano (una especie rara de PP localista en extinción) y con Izquierda Unida-Socialistas Independientes por Extremadura. La coalición acabó saltando por los aires, como estaba claro desde un primer momento, y sólo se volvieron a unir tras los rumores de una moción de censura en el consistorio cacereño. Por cierto, Carmen Heras y dos de sus concejales acabaron siendo inhabilitados por 8 años tras detectar irregularidades en el pago del festival Urban Screens Cáceres.

Madrid es ejemplo de las coaliciones que no buscan un proyecto de ciudad, sino echar a alguien del poder. Son candidaturas que no reciben los apoyos de los ciudadanos por el proyecto de ciudad, sino por el voto castigo, algo que las ciudades pueden pagar muy caro.

La falta de acuerdos sobre modelos y guías municipales ponen de relieve la altura de miras de cada coalición perdedora que se afana en gobernar. Y la única forma de que este matrimonio, a veces siguiendo la tendencia del poliamor, es que se presenten juntos y elaboren un proyecto de ciudad alternativo al que quieren desbancar y venderlo bien, muy bien.

Leticia, ve calentando que te toca gobernar

La estrategia de Urtaran ha dado como resultado el establecimiento de Comerón (PP) como única alternativa: han identificado a los «unos» y a los «otros», sin posibilidad que haya más. Es cierto, y hay que entenderlo, que Comeron no cuenta con el tirón mediático de Javier Maroto, su antecesor, pero va dando buenos y acertados pasos.

El primero fue la puesta en escena del acto de presentación sobre la que opiné en un post anterior, delante del trofeo natural de Vitoria que consiguió la ciudad en el periodo de Maroto. Una cuidada puesta en escena dejaba claro que su mensaje era «Vitoria nos gusta» y de ahí arrancaba la versión local de la Ruta Social del PP.

El segundo ha sido la imagen que ha dado en el pleno municipal que derimía sobre la confianza en Urtarán, mostrándose convincente y exponiendo los argumentos que les llevaban a rechazar la moción. Comerón se refería al «circo» en el que están convirtiendo el pleno municipal y, sí, tiene razón. Urtarán da mucho juego para echarse unas risas comentando entre amigos los equipos de gobierno de nuestras ciudades, pero cuando te toca verlo desde otra posición, la cosa se torna a gris tirando a negra.

Simplemente convocar un pleno municipal para ver si el que quedó tercero en las elecciones tiene la confianza para gobernar resulta un hecho cuanto menos extraño. Es de cajón que si tuviera la confianza habría sacado los concejales suficientes para gobernar o que hubiera acordado un pacto entre los partidos más votados. Rajoy lo explica así: «Son los vecinos los que eligen al alcalde y es el alcalde el que quieren los vecinos que sea el alcalde«.

Pero Comerón no ha centrado los ataques en Urtarán, sino que los ha repartido como hacemos aquellos que tenemos pequeños en la familia y las gominolas suponen un conflicto entre ellos. «Ustedes se han enmendado en 61 ocasiones«, un dato que refleja la poca sintonía entre los coaligantes.

Y ahora, para tener claro lo que ha pasó en el pleno, les dejo un resumen por el propio alcalde, Gorka Urtaran:

Deja un comentario