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Hacia donde vamos

El Congreso de los Diputados ha tumbado la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Los 123 votos a favor de su grupo parlamentario y del único diputado del Partido Regionalista Cántabro no han sido suficientes para cumplir el trámite del artículo 99 de la Constitución. El mismo artículo que condena a celebrar nuevas elecciones si después de dos meses de la primera votación de investidura seguimos sin gobierno.

«He ganado las elecciones, quiero gobernar solo». Pensará. Y, puede incluso que tenga razón. Pero la cuestión es que a día de hoy estamos entre dos escenarios: o hay algún acuerdo para investir a alguna persona como presidente del Gobierno, o volvemos a la urnas el 10 de noviembre. Y esto es tan seguro que está escrito en la Constitución.

Pero sea cual sea el escenario que toque, lo cierto es que hay muchas más variables que pueden inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro. Así que, empecemos con el primero:

Unas nuevas elecciones

Es el escenario más arriesgado para todos los candidatos, porque a pesar de que el CIS tiene claro quién ganará, parece obviar el dato de que los ciudadanos están hasta las narices de la política. Y esto puede salir mal de dos formas. La primera es que directamente no vayan a votar y nos encontremos un gobierno sin legitimidad suficiente frente a los ciudadanos. Y la segunda, es que voten a partidos radicales (ya saben que a río revuelto ganancia de pescadores) porque los partidos «centrados» no saben llegar a acuerdos.

Bien es cierto que en tiempos de inestabilidad, la gente suele agregarse al líder que esté presente, pero también lo es que dependerá de cuáles son los temas de los que se habla en el momento. Si la preocupación son las políticas sociales habrá un crecimiento de la izquierda. Si es la economía, de la derecha.

A todo esto, también hay que ver la situación de los partidos, porque si hay que tener algo claro es que unas nuevas elecciones aumentará la transferencia de votos intra bloque.

Unidas Podemos, entre la espada y la pared, tiene un serio problema. En las anteriores elecciones, sufrió una fuerte pérdida de apoyo, pero ahora, puede convertirse en un punto de no retorno. Y, aunque parezca curioso, la persona que más preocupada debe estar por esto no es Pablo Iglesias, que también, sino Pedro Sánchez. Les necesita para pactar si vuelve a ganar sin mayoría absoluta. Sino, ¿a unas terceras elecciones?

El ansiado pacto

En el otro lado, la posibilidad de pacto antes de septiembre es real. Podemos sabe que unas elecciones no les benefician y puede que al final se conformen con los puestos que les ofrezca Sánchez. El camino hacia el fracasado pacto actual ha estado plagado de desconfianzas mutuas, presiones y un gran secretismo hasta que el PSOE rompió el tablero de juego filtrando los documentos de negociación.

Con todo ello, el Partido Popular se frota las manos. Y es que, Vox baja en cada encuesta publicada, al igual que lo hace Ciudadanos. Esta última formación, además, ha sufrido varios golpes producidos por dimisiones internas, desconfianzas hacia el liderazgo y la estrategia de Albert y la huida del que fuera uno de los ideólogos del partido naranja.

Ante ello, Casado está moderando sus apariciones en público. La campaña electoral ha terminado y el líder de los populares sabe que cualquier frase mal interpretada puede menguar el crecimiento que le otorgan los sondeos. Está desarrollando la estrategia para convertirse en el indiscutible líder de la oposición.

Pero Para el PSOE cabe otra posibilidad: el apoyo de Ciudadanos. A pesar de que Rivera ha repetido en varias ocasiones que no pactaría con Pedro Sánchez, ya lo ha dicho anteriormente y resultó ser mentira. En 2015 pactó con él y, en 2016, con Rajoy, con el que había dicho que tampoco pactaría.

En este pacto podría haber un aspecto muy importante. Y es que entre los dos sí suman mayoría absoluta y que Albert Rivera puede ser fácilmente persuadible con un cargo en el gobierno nacional. Aunque a Sánchez tampoco le haría mucha gracia.

Y ante todo esto, faltan los nacionalistas. Sus votos -aunque poco- podrían ser necesarios para inclinar la balanza hacia un lado u otro. ERC quiere al PSOE, JxC podría abstenerse a cambio de políticas hacia Cataluña y el PNV -que es un mundo en sí mismo- lo exigiría en el Cupo Vasco.

Pero de momento, no se sabe nada.

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