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¿Puede un país entero cambiar de opinión en apenas 15 días?

Madrid, 6 de febrero de 1986. El Boletín Oficial del Estado publica el Real Decreto que convoca a todos los ciudadanos a un referéndum para decidir sobre la permanencia de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.

El gobierno de Felipe González se juega todo al sí después de haber protagonizado un cambio de criterio que ha dividido al partido socialista. Por eso, González tiene que formular una pregunta a la que sea muy difícil decir «no».

La pregunta que ideó el gobienro fue calificada por la oposición como «un tremendo fraude». El líder de la oposición Manuel Fraga (AP), favorable a la permanencia de España en la organización militar pidió la abstención de sus seguidores en el referéndum.

Pero los que compartían espacio con el PSOE en el arco parlamentario tampoco estaban con ellos. «Es un clamoroso intento de engañar a la opinión pública» indicaba a El País el secretario general del Partido Comunista (PCE).

La ley de referéndum en España dicta que sólo puede haber tres posibles respuestas a la pregunta que se someta a consulta: sí, no o votar con la papeleta en blanco. Sólo había una posibilidad: poner los argumentos para el sí en la pregunta:

El Gobierno considera conveniente para los intereses nacionales que España permanezca en la Alianza Atlántica y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos:

  1. La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada.
  2. Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español.
  3. Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España.

¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?

En la década de los años 80, Felipe González ganó las elecciones oponiéndose a la entrada de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para un votante socialista, la OTAN significaba todo aquello que el socialismo quería combatir.

La organización ponía en común el poder militar de las naciones occidentales frente a los demás países como una muestra de lo que podría pasar si alguno de ellos fuera atacado. Era la definición perfecta de militarismo occidental. Algo que se situaba en el extremo opuesto a la idea de cooperación y alianzas entre países que propugnaba el socialismo (Quédense con la palabra ‘Alianza’).

A su llegada al poder, Felipe González cambió de opinión. La OTAN se había vuelto una buena herramienta para mostrar al mundo que España había dejado atrás la dictadura y se había convertido en una democracia. Además, era una forma de ganar puntos frente a los países europeos que ya se encontraban dentro del tratado militar.

¿Cómo verían los ciudadanos que habían votado a Felipe González que cambiara de opinión de la noche a la mañana en cuanto había llegado al poder?

José Luis Rodríguez Zapatero, ganó las elecciones en 2004. Cuatro años más tarde, la crisis económica y financiera llamaba a las puertas del sistema financiero mundial. El

mostraban al mundo la capacidad militar que ha Militarismo, occidentalismo frente a los países subdesarrollados, etc. El sistema 1, el rápido, le sugería al sistema 2, el lento, que la permanencia de España en la OTAN, simplemente era una mala decisión. Y éste, en stand by, lo había aceptado.

Tras largos años de investigación científica, estudiosos la psicología como Daniel Kahneman, han llegado a la conclusión en trabajos como «Pensar rápido, pensar despacio», que nuestro cerebro tiene dos sistemas para procesar la información.

El Sistema 1, es «rápido e intuitivo». Pero lo interesante de este es que no está sujeto a nuestro control voluntario. Es lo que conocemos como ‘primeras impresiones’. Los estímulos que reciben nuestros sentidos, son enviados a este sistema y, antes de que nos hayamos dado cuenta, ya hemos obtenido una repuesta de él, llenando un vacío en nuestro conocimiento.

Pero, ¿por qué no podemos controlar este impulso? La respuesta se basa en la curiosidad. La curiosidad de nuestra mente. A nuestro cerebro le encanta llenar nuestra cabeza de conocimientos. Cuando esos datos no los obtiene de nuestros sentidos, el cerebro los imagina, pero después, una vez que los datos son corroborados, los elimina. Es lo que se conoce como la maldición del conocimiento. Cada persona puede observar este pequeño fallo cerebral haciendo una pequeña prueba mental. Cuando no conocemos algo, por ejemplo, una casa ajena, imaginamos cómo puede ser, pero una vez conocida, nuestro cerebro completa esa información que no teníamos y deshecha la antigua. Ahora, ya no podemos recuperar la casa que habíamos imaginado.

Pero este sistema tampoco es tan malo. En algunas ocasiones nos da las respuestas correctas incluso sin pensarlo. Por ejemplo, resuelve la suma de 2 + 2 sin que se lo pidamos, o nos indica cuál es la capital de Francia. ¿Se ha dado cuenta?

El otro sistema, el Sistema 2, es más complejo y requiere una mayor capacidad para interpretar los datos que recibe de nuestro alrededor. Necesita concentración y la obtiene tomando el control de nuestro cuerpo, dilatando las pupilas o aumentando la presión arterial. Este sistema, de acuerdo con la investigación, se ocupa de tareas más complejas como resolver cuánto es 17×24, buscar a una persona concreta en un espacio abierto repleto de gente o contar las veces que aparece la letra A en este texto. La interrelación entre estos dos sistemas es absoluta. El sistema 1 “hace continuas sugerencias al sistema 2” y éste sólo se activa cuando el modelo del mundo que tenemos en nuestra mente es alterado. Kahneman pone como ejemplo que, en el mundo real, las lámparas no vuelan o que los gatos no ladran. Ver alguna de estas situaciones, activaría el sistema 2 completamente.

Al sistema 1 le encanta la política o, mejor dicho, el sistema 1 es el favorito para los asesores de comunicación política. Es la brecha por donde entramos en la mente sin que los ciudadanos activen su segundo sistema cerebral para comprobar si la información que le ofrecemos, simplemente, es verdad o no.

En la década de los años 80, Felipe González al llegar al gobierno tuvo que dar marcha atrás a su decisión de abandonar la OTAN. Para un votante socialista, la OTAN significaba aquello que el socialismo quería combatir, es decir, militarismo, occidentalismo frente a los países subdesarrollados, etc. El sistema 1, el rápido, le sugería al sistema 2, el lento, que la permanencia de España en la OTAN, simplemente era una mala decisión. Y éste, en stand by, lo había aceptado.

Con el cambio de postura del gobierno, no podía decirles a sus votantes que la OTAN ahora era beneficiosa para España, porque sería como ver una lámpara volar o un gato ladrar, activaría el segundo sistema cerebral y rechazarían completamente todos los argumentos posteriores.

Por tanto, descartada la opción de “Si a la OTAN”, estudiaron otro modo de hacer que la gente votara a favor de la alianza y, precisamente fue esa: Sí a la “Alianza Atlántica”. El sistema 1 le sugiere al sistema 2 que la Alianza Atlántica era buena para España, mientras que la OTAN era mala. Cabe recordar, que ambas cosas son iguales, pero mientras tanto, el sistema que piensa pausadamente sigue durmiendo plácidamente en nuestro interior.

Es por ello, por lo que los sueldos nunca bajan sino que crecen negativamente y, de igual forma, no estábamos en una crisis hasta la llegada de Rajoy, ya que anteriormente estábamos en una desaceleración económica. En definitiva, se cambian las palabras y las expresiones porque las dotamos de más significados subconscientemente de los que creemos. La palabra crisis conlleva un significado negativo y la sensación que nos produce es que algo no funciona bien y nos va a perjudicar. En cambio, una desaceleración económica nos indica que íbamos tan rápido que teníamos que frenar un poco, al igual que nuestro segundo sistema. Por cierto, 17×24 es 408 y la letra A aparece en este texto 401 veces.

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