fbpx

¿Y ahora que soy diputado, qué?

España estrena una legislatura con uno de los mayores índices de renovación de cargos en el Congreso de los Diputados más altos desde el inicio de la democracia. 220 de los 350 diputados que forman la cámara no estaban en la anterior legislatura. Esta cifra no anula la posibilidad de que, como Cayetana Alvarez de Toledo (PP) hubieran estado en anteriores legislaturas no inmediatas. Podemos decir que se ha renovado casi el 63% de los parlamentarios. Exactamente 62,85.

Este hecho puede ser entendido de dos formas. Por una parte, podemos pensar que el descontento de los ciudadanos haya llegado hasta los líderes de las formaciones y estos hayan optado por la renovación. Pero por la otra, hemos de tener en cuenta que todos los liderazgos estaban comprometidos, por lo que es muy posible que los cabezas de lista hayan optado por cerrar filas e introducir nombres afines.

Si hay algo cierto es que la preocupación de los ciudadanos respecto a la vida política crece por momentos y la mejor prueba de ello son los sondeos mensuales que realiza el CIS. Además, se produce un curioso efecto: el descontento de las personas hacia la política hace que tomen partido en ella. Quizás porque esté cambiando la mentalidad de la sociedad o quizás por la saturación de información política que hemos sufrido en pocos meses debido a la acumulación de procesos electorales.

Pero si algo tienen pendiente los políticos con los ciudadanos es un aspecto fundamental de la democracia. Los angloparlantes lo denominan accountability. Nosotros, rendición de cuentas.

El hecho de rendir cuentas de la gestión diaria de la vida política hacia los ciudadanos no es un aspecto de moda. Supone uno de los pilares básicos de la democracia formal, y si no ocurre, los ciudadanos se sentirán fuera del sistema político y generarán sentimientos apáticos, de ignorancia e incluso de rechazo.

Siempre he defendido la comunicación política como herramienta de mejora de la democracia, no sólo como una herramienta para captar votos. Es entendible que los partidos políticos se sientan más cómodos tras un atril y dirigiendo la orquesta, pero es un hecho indisoluble a la democracia que sean los ciudadanos los que, en algunas ocasiones, suban a ese mismo atril y pidan explicaciones a sus representantes.

Sólo de esta forma, los ámbitos político y social pueden tenderse puentes mutuamente para construir una sociedad equilibrada y que confíe en sus instituciones. Algo que en su día se llamó ‘la política de las paredes de cristal’ y que quedó diluido en sus propias expectativas.

Por todo ello, aquí se proponen una serie de consejos para mejorar tanto la calidad de la información que reciben los ciudadanos sobre sus representantes, como la gestión de las demandas ciudadanas que tienen que saber manejar.

Es fundamental abrirse una web. ¿En serio en 2019 tenemos que decir esto? Pues aunque parezca mentira, sí. Pero no una web para fardar sobre lo que te gusta o colgar tu lista de Spotify. Un portal en el que se explique el por qué de las decisiones que tomas, que traslades el mensaje del partido a tus votantes y que -importantísimo- los ciudadanos se puedan poner en contacto rellenando un formulario.

¿Es absurdo? No lo creo, y he aquí la prueba de que no lo es: en la dirección https://www.house.gov/representatives hay un precioso listado de todos los miembros de la Camara de Representantes de Estados Unidos. Todos, repito, todos tienen una página web en la que explican su día a día, describen sus posicionamientos e invitan a los ciudadanos a interactuar con ellos.

Si no te convence, por lo menos, merece la pena ver los pintorescos diseños que tienen algunas webs.

Aclaración anti-excusas: Abrir una web son 30 minutos de reloj. Y si no te lo crees, te reto.

Y ya, si lo compaginas con perfiles en las redes sociales, es el no va más.

Relacionado con esto pero en otro ámbito, todos sabemos que colocar el mensaje del día del partido al que representas es importante, pero ¿qué hay de lo mío?

Si eres diputado, tienes que luchar por mantener el equilibrio entre tres aspectos: la agenda de los medios de comunicación, la agenda de los ciudadanos y la agenda del gobierno. La primera porque los periodistas te van a exigir una respuesta a las declaraciones que haya hecho tu adversario unas horas antes (en el mejor de los casos) y quieren saber tu respuesta. La segunda porque tienes que darle a los ciudadanos respuestas a sus demandas (esto es de primero de sistema político); y la tercera porque si tu partido gobierna porque tendrás que expandir sus logros, y si estás en la oposición tendrás que decir lo mal que lo hacen y cuál es la aternativa que ofreces desde tu formación.

Además, debes ir construyendo una agenda propia que te permita desarrollar un perfil propio en tu circunscripción. Cuatro años pasan en un suspiro y, además, con la alta capacidad de chantaje que se ha creado en el parlamento, hay altas posibilidades de que no sean cuatro, sino alguno menos. En todo caso, la mejor campaña electoral es trabajar la confianza de la gente de forma permanente. Eso sí, siendo siempre uno mismo.

Lo mejor que se le puede decir a una persona es que sea ella misma. ¿Fácil? Pues en el fondo no es tan sencillo. La excelencia en el trabajo de asesoramiento de comunicación política es que el diputado en este caso o el cargo público o privado, no se convierta en un producto de marketing. Vamos, que los ciudadanos no lleguen a pensar que Ken (el marido de la Barbie) es diputado.

La línea entre un gesto natural y uno fabricado es muy fina, pero con sutileza puedes coseguir que una fotografía describa tu mensaje a la perfección. (Por cierto, nada de besar bebés).

Si un diputado en lo personal es divertido, debe imprimir esa cualidad en su trabajo. Porque, si algo he aprendido en todo este mundo, es que lo natural y lo personal nos hace únicos.

Ahora bien, tampoco quiero decir que cuentes chistes en una rueda de prensa. (No suele quedar bien y seguramente utilicen ese vídeo para atacarte después).

Así que, si después de todo esto quieres tomar un café escríbeme.

Deja un comentario

Comunicación Política e Institucional.