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Son tantos los recelos que despierta la política de Cáceres que la brecha que separa a ciudadanos y políticos se ha vuelto, como poco, insalvable.

Refugiados en sus despachos e ignorantes de la realidad que tienen que gobernar, hace bastante tiempo que perdieron el pulso del latido de la ciudad. Las expectativas que todos los ciudadanos teníamos en el gobierno municipal se han volatilizado. Es evidente que resulta necesaria una profunda renovación y una eficaz regeneración para construir cualquier tipo de futuro político, económico o social para Cáceres.

Los políticos que gobiernan Cáceres se han centrado en buscar la forma de mantener su sueldo público a costa de la ciudadanía a pesar de no tener ningún proyecto que realizar para la ciudad. Cáceres, ahogada, ha dejado hace mucho tiempo de ser una democracia inclusiva. Es una tiranía electiva de dinastías partidistas que se turnan el poder de subyugar a los ciudadanos.

Para ello, es imprescindible que los ciudadanos nos impliquemos en esa necesaria transformación ya que, lo que vemos hoy en día, son las consecuencias del pasotismo político durante la última década. Hemos de entender que la política afecta a la vida diaria de todos los ciudadanos, presentes y futuros. La política, o la haces o te la hacen.

Se trata, por tanto, de reinstaurar la democracia en la ciudad de Cáceres, porque cuando un pueblo opina que el gobierno que eligieron no cumple con su tarea de representar a los ciudadanos y cumplir los compromisos para los que fueron elegidos, ese mismo pueblo, tiene el derecho legítimo y democrático de hacer caer al gobierno y buscar nuevos representantes que tomen las riendas del destino de la sociedad.

Para ello, es necesario hacer una apertura de miras por encima de ideologías y de partidos políticos. Una sociedad del siglo XXI, no puede tomar como válidos principios y valores del siglo XIX. Centrar la regeneración a través de un partido que defienda únicamente una ideología determinada supone olvidar a una parte de la sociedad.

Recuperar la posición del ciudadano como centro de la acción política y, por consiguiente, de la gestión municipal no es una tarea fácil y mucho menos libre de posibles obstáculos que, quienes han ostentado el poder y se benefician de él, colocarán a posta cuando vean peligrar el sistema clasista que se ha impuesto en la ciudad.

Es preciso, además, que los principios y valores que inspiren el gobierno sean los mismos que inspiran la vida de la ciudad. Los principios y valores que definen Cáceres son la suma de los principios y valores de cada uno de sus ciudadanos y, como consecuencia de ello, los representantes públicos deben trabajar para acercar posturas y aunar esos principios y valores con el objetivo de conseguir ser el gobierno de todos los ciudadanos, hayan confiado en una formación política o en otra. La ciudadanía plural, debe tener gobiernos plurales y representativos de la sociedad que gobiernan.

La actual política municipal ha quedado reducida al cumplimiento de las promesas electorales hechas en campaña. Es por ello, que los partidos políticos no sólo introducen cada vez menos propuestas electorales, sino que éstas son simples y conformistas además de no estar sujetas a ningún control sobre su implementación o sobre su evaluación posterior.

Hemos acostumbrado a los partidos políticos en los últimos tiempos a, que cuántas menos propuestas hagan y más generalistas sean, puedan decir a mitad de legislatura que han cumplido la mayoría de su programa electoral. En verdad, dejan ver una total falta de escrúpulos al aprovechar las estadísticas simplistas para realizar programas electorales incompletos y que no se ajustan a la totalidad del período por el que fueron elegidos.

Por tanto, todo empieza cuando las ciudadanas y ciudadanos, libres, plurales, iguales, dicen “Basta, ya es suficiente”, pero la pregunta más importante que hay que resolver es “¿Cuándo pasará esto?”. Pues eso depende de a cuántas personas les ayude este texto a reflexionar.

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