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Adiós a Juan Vicente Herrera: un presidente con estilo propio

La política autonómica es una especie de tierra de nadie. Un quiero y no puedo entre la política municipal, pegada a los ciudadanos, y la nacional, repleta de medios de comunicación. Es por ello, que en demasiadas ocasiones, los presidentes autonómicos intentan hacerse notar a nivel nacional criticando las ideas y propuestas de su propia formación política. Es una forma de venderse mediáticamente, y hacer ver que defiendes los intereses de tus propios ciudadanos incluso ante tu propio partido mueve algún que otro voto.

Pensar en política autonómica es pensar en Esperanza Aguirre, Susana Díaz o Miguel Ángel Revilla. Políticos que están en los medios de comunicación a diario y en demasiadas ocasiones opinando sobre lo que no tienen competencias. Sólo quieren que se les vea. A Aguirre la hemos visto ‘destapar la Gürtel’, vestida de chulapa y querer dirigir el partido a nivel nacional en la sombra. A Díaz, deponer a un Secretario General en directo, lanzar acusaciones a sus propios compañeros y ahora, competir en una carrera por los restos del PSOE. A Revilla, con chubasquero o sin el, lo hemos visto como tertuliano, como presidente e incluso cantando para felicitarnos las fiestas. Es un showman en un despacho institucional.

La última persona en la que pensaríamos sería en Juan Vicente Herrera. Para quién no lo sepa (que seguro que hay muchos) es el presidente de Castilla y León desde 2001. Es normal no saber nada de él, porque no es una persona afín a los titulares. Herrera es un presidente con estilo propio y quizás demasiado formal para la política-espectáculo que hoy en día vemos a diario.

Está convencido de que la política es el instrumento con el que se resuelven los problemas de los ciudadanos. Y lo demuestra cada vez que interviene en algún acto. Durante su presidencia, Herrera ha estado en todos los actos nacionales en un segundo plano. Ha representado a la comunidad sin caer en el amarillismo político o las opiniones acusatorias hacia otros partidos políticos. Ni siquiera hacia la oposición.

En 2015, el Partido Popular aunque ganaba las elecciones autonómicas, recibía un gran golpe de los electores al no conseguir ganar como ellos se esperaban. Perdieron comunidades que consideraban ganadas como Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón o Baleares. Castilla y León resistió los envites de la corrupción y Herrera logró de nuevo la presidencia de la comunidad.

Tras la jornada electoral, fue el centro de las felicitaciones de todos los ‘populares’, pero cuando se enfrentó a la llamada en directo de Carlos Herrera, confesó que no había que felicitarle por nada. Había perdido escaños, por lo que su preocupación era qué había fallado en su gestión para que los ciudadanos hubieran optado por otras candidaturas.

Lo lógico es pensar que un presidente que resiste pueda ser ‘algo más’ en el futuro. Pero pensar en la lógica partidista de hoy en día es no conocer a Herrera. Lo ha demostrado cada vez que le han preguntado sus opiniones sobre la situación política y el mayor titular que han sacado ha sido un escueto «Da asco, profundo asco» sobre la corrupción en el PP.

La marcha de Herrera supone un duro golpe para el Partido Popular. Es un presidente muy válido y que hace las cosas con tranquilidad, sosiego y sentido común, algo que hace falta hoy en día y más cuando los ciudadanos demandan responsabilidad a todas las personas que ejercen un cargo público.

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